Juan Ramón Martín

En la obra abstracta, el autor propone un camino de
pensamiento que deja abierto a la contemplaciÓn para
que el objeto seduzca y evoque.

 

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La escultura es una disciplina en la que el valor estético cobra una dimensión absoluta.

En la obra abstracta, el autor propone un camino de pensamiento que deja abierto a la contemplación para que el objeto seduzca y evoque. En la obra figurativa, el dictado literal de lo narrativo reduce la posibilidad de desviarse de lo que la obra, desde un punto de vista estricto, quiere comunicar.

La obra abstracta suele tener algo de enigmático.

El muro y la memoria

El paisaje se abre a mis ojos. La extensión del terreno que tengo ante mí se compone, a primera vista, con unos pocos elementos: una tapia, algo de vegetación, algún pájaro, la luz…Esta estructura visual que percibo intensamente a través de la mirada sería incompleta si no se conjugase con otras sensaciones quizás algo más sutiles y complementarias: el paisaje se puede oir; en esta estampa percibo los pequeños movimientos del aire que hacen virbrar las hojas o mueven la arena del suelo, tal vez el trino de un pájaro a lo lejos o el canto de la chicharra que acompaña las cálidas tardes. El sonido confiere al paisaje una dimensión de profundidad que viene a completar la perspectiva percibida por los ojos. Pero, además, si estoy atento, el aire trae hacia mí cierta mezcla de olores de otros elementos que están ahí delante y que acusan presencias que no puedo ver.

Frente a mi mirada aparece una página escrita que puedo leer. Está compuesta por signos que habrán de ser descifrados. ¿Qué narración me propone la contemplación de este lugar? Sin duda en lo que observo, aparentemente estático, no hay nada inmóvil. Fuerzas invisibles generan movimientos o tensiones de la más diversa índole. El viento que arrastra partículas de arena o polvo que se irán depositando con el devenir del tiempo y que cambiarán definitivamente el aspecto que ahora presenta. Algún animal también está presente en este fragmento del espacio; si estoy atento podré descubrirlo; tal vez un reptil o insectos viven en este paraje y transitan por él; casi inmóviles, acechan a sus presas, se esconden entre las grietas del muro o buscan alimento. Estaban mucho antes de que yo prestara atención y permanecerán cuando mi atención se encuentre en otro lugar. Las raices de la planta que corona la tapia se hunden entre las fisuras del material tratando de extenderse para progresar en su vida. Otras formas de vida disintas a las biológicas están presentes en este fragmento: dentro del muro, dentro de su propia masa, un sinfín de tensiones generan la estabilidad y la cohesión que necesita para seguir en pié. El suelo que soporta esta imagen también empuja en diversas direcciones; lo hace a la velocidad de lo mineral, de lo geológico, con enorme lentitud, y produce un movimiento imperceptible pero cierto. Las luces y las sombras, cambiantes, o la temperatura captada y reflejada por el muro y la tierra son más signos variables que generan narración en este cuadro presente.

Puedo contemplar el muro de una manera insatantánea o durante un buen rato. El efecto en mi mente será diferente. En el primero, instantáneo, abro y cierro los ojos y mi mente se queda impregnada por unas geometrías y unos colores vagos. La memoria los atrapa y los hace fluctuar en el pensamiento durante un tiempo. La impresión ha quedado registrada. Es la imagen (imagen-imaginación) la que narra. Lo hace de una manera precisa. Este paisaje lo reconozco en otros paisajes de mi recuerdo que pueden ser similares pero que jamás serán idénticos. Si observo la escena más largamente, me recrearé en los detalles las luces y las sombras, los pliegues y las fisuras, las hierbas que crecen en la base y la arenilla que compone el muro. Esta mirada detenida, más evocadora, me acerca recuerdos precisos contenidos en lecturas, pensamientos, películas o arquitecturas.

Esta visión interior cargada de luz y de sombras, de aromas y sonidos, podrá ser el germen gráfico de una nueva obra. Servirá para trazar sobre el papel unas líneas de representación; una suerte de perspectiva que interpretará algo extraido de la memoria reciente y que posiblemente se habrá de convertir en líneas y superficies. En ese momento en que dibujo casi con los ojos cerrados estoy creando el armazón plano de de una visión cerebral modelada por esta visión y por otros recuerdos que se mezclan, instantáneos, en la mente. Esta representación será una abstracción pura de la realidad. Tendré entonces la imagen real (esencial) de un paisaje imaginario, por tanto, un paisaje mental.
La contemplación del muro coronado de vegetación, sobre él, el cielo enmarcado y tal vez el vuelo de los vencejos contra una nube blanca, habrá sido el origen de una nueva idea. En la mente se habrán producido conexiones nuevas. Si hemos contemplado con intensidad y concentración, se nos abrirá una gran cantidad de posibilidadses de creación artística.

No hay nada inmóvil.

La escultura: el trazo grÁfico

La escultura que he desarrollado estos últimos tiempos expresa en clave abstracta sentimientos profundos del hombre ante situaciones espaciales concretas. Son esculturas que generan espaciosvacíos. El espectador se sitúa ante ellas y las recorre con la mirada. La soledad transita entre sus pliegues, entre sus calles, como en una ciudad soñada y desierta. El ojo queda atrapado mientras el observador gira entorno a las piezas y descubre nuevas perspectivas. La abstracción se hace vivencia y crea metáfora.

El hombre se encuentra en un espacio real -un espacio físico: la calle, el jardín, la cueva- en el presente que le ha tocado vivir y del cual no puede salir nunca; al otro lado se encuentra el otro espacio, en el que no está ni estará jamás. (El hombre está donde no está, comenta el poeta francés Jouve). Y desea hallarse allí, donde no está; son lugares que intuye y desea; los percibe desde su memoria atávica. Cuando llega a él, aquel espacio en el que estaba ya no le pertenecerá y será el otro el espacio deseado. El hombre pasea por los laberintos de su vida y busca nuevos senderos, toma diferentes direcciones en una búsqueda permanente, a veces pretendida, a veces casual. En el camino desarrolla su vida.

La necesidad de geometrizar el universo dentro de la imaginación es vital para el conocimiento. Si no se genera el concepto espacial en la mente no es posible la imaginación (la imagen como representación de las cosas percibidas por los sentidos). La representación de lo esencial desde los primeros tiempos del hombre fue la abstracción de la realidad. Un gesto gráfico trazado en la pared de la cueva era la señal de la existencia de caza; era la representación plástica de una realidad mental.

En estas esculturas propongo una la dialéctica entre lo que está dentro y lo que está fuera. Se componen de espacios interiores y exteriores limitados por elementos de masa. Entre estos siempre se sitúan barreras, sean físicas (el hierro) o etéreas (el paso), que obligan al hombre a permanecer en uno u otro espacio pero nunca en dos a la vez. Las esculturas buscan geometrizar el pensamiento en el espacio en el que se produce la vida. Son juegos en los que el ojo transita por arquitecturas asombrosas. Los nombres de las esculturas sugieren situaciones espacio-temporales de momentos de la existencia. De ésta manera surgen títulos como "el laberinto del loco", "Pasos perdidos", "Caminos de África", "La casa"…

La abstracción que proponen estas esculturas queda desvelada cuando sobre ellas reflexionamos en clave arquitectónica; en ellas imaginamos a un hombre que deambula por el espacio cerrado del jardín, que reposa en sus soledades sentado en el suelo con la espalda apoyada en el muro. El hombre que cuenta sus pasos y mide el espacio conforme camina. En el paseo gasta el tiempo que le ha sido dado.

Me interesa hombre que mira el rayo de sol detenido en el umbral de la puerta, a la entrada de su casa. Esa luz destellante hace mayor la frontera entre el interior y el exterior; entre el lugar privado de la casa, ámbito de su ser más íntimo y el vacío exterior donde puede perderse hasta fundirse en el horizonte. Es en el binomio dentro-fuera, donde residen dos de los elementos fundamentales de la experiencia humana, así cuando escribimos:

En el claustro todo reposa
Sólo el rayo de sol en el umbral
aumenta el paso inevitable del tiempo

estamos haciendo referencia a un tiempo que fluye desde el interior más íntimo y que se proyecta desde el espacio de la arquitectura que nos abriga. Aquel pensamiento de J.L.Borges en el que comentaba:

…"la lluvia es algo que sin duda ocurre en el pasado"…

Frente a este hombre interior, intimo, encontramos aquel que recorre el espacio exterior. El hombre en el momento presente, el que nutre a su propia biografía de contenidos experienciales intensos. El que observa, pura necesidad, el paisaje y lo hace propio. El que convierte la naturaleza en su espacio, también, íntimo, para abrigarse con él y poder seguir existiendo. Juan Ramón Jiménez expresa el amanecer en el paisaje de ésta manera:

¡los álamos de plata,
saliendo de la bruma!
el viento solitario
por la marisma oscura…

En estas obras cuento el paseo esencial de Richard Long cuando en un paisaje solitario y brumoso crea su obra titulada "caminando un círculo en Ladakh" cuando comenta: "el tiempo pasa, los lugares permanecen". En esta frase expresa el diferente transcurrir del tiempo en existencia del hombre y del lugar. El paisaje permanecerá quieto para la contemplación aunque con un cambio constante de sus atributos: luz, color, nubes, follaje, etc., mientras que el tiempo transcurrido en el paseo será inevitablemente más corto.

Los conceptos asociados a la soledad y a la memoria están presentes en estas piezas en las que las pátinas del hierro, la piel de la escultura, evoca objetos percibidos por los que el paso del tiempo ha dejado una marca que anuncia su antigüedad; aquellos conceptos que asocian el recuerdo de un tiempo vivido y sus resonancias en la memoria:

Esta tarde,
Tras el cristal amarillo
Siento otros tiempos
Que fueron
Intensos como éste…

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