El término compás alude de igual manera determinados procesos en el espacio y en el tiempo: uno el instrumento que permite dibujar arcos en el plano y por él deslizarse, como lo hacen las piernas de la bailarina al girar y desplazarse por la tarima, otro, el ritmo cadencioso que adopta la música y pone en relación los sonidos que se van produciendo conforme avaza en el tiempo.
Esta escultura muestra tres variaciones sobre un mismo motivo geométrico. Un elemento adintelado y un muro juegan alternadamente dando lugar a un ritmo espacial. Los espacios que se producen entre las distintas partes de la escultura, los vacíos que ponen en valor las masas de hierro juegan de la misma forma que los compases de espera en la partitura musical. Tras una descarga de sonidos, un tiempo de silencio proporciona y confiere a la pieza musical su auténtico valor. Tanto es música el sonido como el silencio. De la misma manera tanto es escultura la materia que la compone como el vacío por el que transita el aire.
El vacío deja una huella en la mirada que se completa con los elementos de masa.